martes, enero 31, 2023
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“AYÚDAME, POR FAVOR”

POR: GERMÁN HENNESSEY

En los ejercicios de desarrollo con equipos empresariales, trabajo tres procesos grupales esenciales: coordinar, cooperar y colaborar; la primera no es necesario explicarla, porque todos hemos logrado grandes resultados con buena coordinación o sufrido cuando esta falla. Cooperar, según la Real Academia Española —RAE—, se define como “obrar juntamente con otro u otros para la consecución de un fin común”, lo que significa que dos personas o grupos cotrabajan, coconstruyen y cogestionan, cada uno con sus responsabilidades, acciones y tareas, para lograr un resultado de mutuo interés; por ejemplo, el área de mercadeo participa con el grupo de producción para crear nuevos productos o cuando dos compañeros de estudio se asocian para sacar adelante un proyecto académico, haciendo sinergia. Sobre colaborar, la RAE indica que es “trabajar con otra u otras personas en la realización de una obra”, es decir, quien colabora lo hace para que el otro cumpla con sus objetivos.

Para las tres acciones, es clave asumir una actitud especial, porque trabajar con otros es complejo, ya que debemos crear un espacio común de caracteres, experiencias, modelos mentales, aprendizajes y expectativas, por mencionar algunos factores. En estos procesos de entrenamiento, he escuchado varias veces lo que parecen quejas: “No te dejas ayudar”, “no pides ayuda” y “no ayudas a los demás”; digo que parecen quejas, porque implicarían una crítica fuerte; sin embargo, he aprendido que estos comentarios pueden estar en dos categorías: la que juzga, busca destruir y atacar al otro, planteando una fractura en la interrelación; y la otra, que llamo queja con dolor esperanzador, porque detrás de las palabras hay una voz positiva que quiere aportar al otro y sumar a la relación.

LA HABILIDAD

Saber pedir ayuda es una actitud de nobleza y humildad, según la RAE, esta última es la virtud de reconocer las limitaciones y debilidades propias, obrando a partir de eso. Cuando te das cuenta que no sabes, no puedes hacer algo o no podrás lograr el resultado actuando en solitario, y aceptas esa circunstancia, te enfrentas a un dilema: insistes y persistes, de manera individual, o sales a pedir ayuda. Aunque parezca fácil, a algunas personas les cuesta decir “ayúdame, por favor”; entre las razones, están la expectativa de poder, necesidad de logro, cuidar una reputación o consecuencia de una experiencia que le hace trabajar en solitario.

Aceptar que no sabes es el primer paso para aprender y generar tu desarrollo, aceptar que no puedes solo es la acción requerida para ser parte de un grupo y actuar de manera conjunta. Pedir ayuda facilita la creación de confianza, porque permite que conozcan, no solo tu limitación o dificultad, sino que podrán saber más de ti, tus ideas, experiencias y expectativas; a su vez, te permite conocer a quienes te rodean. Al decidir que no puedes solo y requieres colaboración, debes mirar a tu alrededor y escoger a tu ayudador(a), eso implica reconocer a las personas y responder quién es, cómo es, qué sabe y si puede enseñarte; cuestionarte qué tanto te conoce y cómo ha sido la relación con esa persona, entre algunos temas, para balancear todo y escoger a quién consideras puede ayudarte.

Para pedir ayuda, es recomendable que expliques con claridad y de manera objetiva la situación: para qué requieres la ayuda, es decir, cuál es el resultado esperado por ti; describe en qué estás limitado o bloqueado y reconócelo con sencillez, expresando lo que quieres recibir del otro, es decir, brindar la información necesaria y suficiente para que tu ayudador(a) pueda definir su acción. Es clave, también, cómo pides ayuda: tu lenguaje, tono de voz y gestos, indicarán si pides ayuda con humildad o soberbia; esta última, un error de algunos, pues quieren colaboración “con escopeta”, como si para la otra persona fuera un honor ayudarte, lo que podrá generar que no te apoyen.

Mientras te apoyan, es clave mantener una actitud positiva hacia la persona y tarea; también, tener espíritu de aprendizaje para recibir el conocimiento y la experiencia que pueden transferirte. En esos momentos, el rol de aprendiente es de gran valor, pues facilita recibir la colaboración y fortalecer la relación. Recuerda respetar el estilo y los momentos de quien te ayuda, puede que no sean como tú y lo hagan diferente. Al solicitar ayuda, creas una conversación especial que genera una oferta y promesa, porque tu ayudador(a) se compromete a hacerlo; por eso, es importante dejar claras las condiciones de la colaboración. Aunque seas tú quien recibirá el apoyo, estás en capacidad de negociar algunas condiciones, por ejemplo, el alcance de la acción o el momento adecuado; también, tu participación, lo que indicará que tienes disposición de apoyar a quien te ayuda.

LA ESPERANZA

“Ayúdame, por favor”, es una virtud, porque habla de tu espíritu; es una habilidad, porque requieres saber pedirla; es una acción de inclusión y pertenencia de compañerismo, equipo y amistad. Con pedir ayuda está otra habilidad del ser: dejarse ayudar, pues a algunos les cuesta aceptar colaboración; usualmente, son actitudes y comportamientos que caminan juntos, acompañando a un solitario miembro del grupo. Por eso, cuando escucho la queja sobre alguien que no pide ayuda, la considero una crítica propositiva, porque indica que quien se expresa tiene interés en mejorar la relación y crear sinergia para las acciones mutuas. Sigo teniendo esperanzas ante esta expresión, demasiado común en las organizaciones y familias, porque cuando la escucho, veo un espíritu de equipo, compañerismo, amistad, familiaridad; veo, con ojos positivos, una oportunidad de desarrollo de la persona y su grupo. Y tú, ¿pides ayuda?

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