jueves, septiembre 16, 2021
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YEI “LA NEGRA” DURÁN: LA EMBAJADORA GUAJIRA DEL ARTE WAYUU QUE TRIUNFA EN MIAMI

POR: MARÍA ISABEL CABARCAS

Aunque nació en Riohacha y sus estudios los cursó en el Colegio La Enseñanza de Barranquilla, regresar a su amada ciudad natal en vacaciones era el plan más esperado y disfrutado al lado de sus hermanos, hermanas, primos e innumerables amigos. Volver a la casa de su abuela Rebeca Rosado, en vacaciones, implicaba reencontrarse con su esencia wayuu: “El olor a sus preparaciones y a chicha era característico del hogar, pues a ella le encanta hacerla y repartir en todo el barrio”. En aquel entonces, transcurría la década de los noventa y Yeinely Durán Rosado, llamada cariñosamente entre sus familiares y amigos como la Negra, desconocía el poder de los dones de los que era portadora, pues aún el arte étnico, que es su marca identitaria como pintora desde hace varios años, no se había manifestado de manera expresa en su vida. “Algunas veces sentía que era de dos lugares, hoy sé que esa es la sensación del migrante, pues lo volví a sentir cuando años después me mudé a Miami”.

Ser madre es el regalo más hermoso que ha recibido, pues sus dos hijas —Alejandra y Antonella— son su gran inspiración: “Ahora que soy mamá valoro mucho más todo lo que mis padres han hecho por mí. Mi papá me ha enseñado a ser buen familiar, luchar, sentir amor por el trabajo, lo mismo que mi mamá”. La Negra es una eterna agradecida de lo que sus papás Alberto Durán y Maura Rosado han hecho por ella. Respecto a su familia, expresa con entusiasmo que ser parte de un grupo numeroso de hermanos —18 en total— ha sido maravilloso, pues reconoce que su papá siempre ha procurado que entre ellos exista un vínculo cercano, estrecho de fraternidad, camaradería y así ha sucedido efectivamente. Al lado de su esposo Víctor, en la crianza de Alejandra y Antonella, ha procurado mantener vigente el legado cultural de sus orígenes: “Mis hijas se sienten muy arraigadas a Colombia, especialmente, a La Guajira. Ellas son mis maestras, pues me enseñaron a través de su fascinación por el universo wayuu, el mar, las artesanías y la cultura, a amar más de donde vengo; allí, reconocí con más certeza lo especial que es ser parte de mi familia por su condición étnica. Ellas quieren, además, aprender wayuunaiki, eso lo celebro y las apoyo incondicionalmente”.

Sus primeros estudios universitarios los cursó en la Universidad del Norte en Barranquilla: “Cuando terminé el colegio, no sabía qué estudiar, aunque dibujaba y pintaba, no veía el arte como una forma de vida; por eso, decidí estudiar Administración de Empresas. Si hoy me piden un consejo, les digo que al momento de escoger sigan su talento y voz interior”. Finalmente, ese llamado a abrazar su vocación buscó formas distintas de manifestarse, por lo que viviendo en Miami tomó una decisión que le daría un rumbo nuevo a su vida: “Quería darle a mi talento algo más profesional, por eso, pensé estudiar Fine Arts en la Florida International University en Miami. Decidí que en esta vida quiero estudiar lo que yo quiero”.

Su obra está marcada de forma indeleble y contundente por sus raíces familiares y el amor a la tierra de sus ancestros: “Ser de ascendencia wayuu es mágico. . . Cuando estaba pequeña y veía a mi abuela, sentía que ella era especial, siempre vestía de manta y hablaba poco español. Eso influyó en mi vida como una gran fortaleza que me hace diferente y sentir especial”. Uno de los cuadros de su autoría que evoca con nostalgia, es el de la niña que va de la mano con una adulta, rumbo a la ciudad, por todos los riesgos que ello implica frente a la conservación de la identidad y las tradiciones culturales, debido al contacto con la cultura occidental. Su primera exposición fue en un salón de arte de la Florida, con un grupo de artistas locales. “Una de las más significativas se dio por invitación del Consulado de Colombia en Miami, y estaban despidiendo a la cónsul, por lo que se convirtió en un escenario social y cultural muy valioso”, recuerda con gratitud. Ha tenido el honor también de compartir evento con artistas internacionales en el afamado Art Basel de Miami Beach. También, reconoce que existen inmensos retos, respecto a la aceptación del arte étnico, pues muchas veces prima el arte comercial con fines decorativos; sin embargo, se resiste con honor y arraigado sentido de pertenencia por sus raíces, a dejarse llevar por esta tendencia.

La Negra Durán es una mujer cuyo sentido de responsabilidad social la ha llevado a vincularse a múltiples causas, convocando a organizaciones norteamericanas a enfocar sus esfuerzos hacia el pueblo wayuu, hallando aliados en el territorio tan comprometidos como ella. “Mis recuerdos me conectan con mi tierra constantemente, por eso, uno de mis propósitos es llenar la vida de mis hijas de lo que en inglés se denomina memories, de recuerdos bonitos. Siento que tengo el deber de ayudar, de alguna manera, a mi cultura y siempre busco formas de hacerlo”.

También, ha sido miembro del jurado del concurso de arte wayuu infantil y juvenil, denominado PandemiARTE, organizado por la Fundación Compartamos la Felicidad; al tiempo que es la creadora del diseño de la Medalla Dama Guajira, máxima condecoración entregada a mujeres por parte de la Asamblea Departamental de La Guajira, impulsada por la diputada Oriana Zambrano Montoya y lanzada formalmente el pasado 8 de marzo. Para ella, vincularse a las iniciativas sociales, de género y artísticas de La Guajira es un imperativo categórico, mostrando su amplia generosidad cuando es requerida para ello. Actualmente, lidera el proyecto de rescate de identidad ‘Yo amo ser wayuu’, a través del cual niñas y niños, reconozcan su imagen, fortalezcan su autoestima y se sientan orgullosos de ser quienes son, mediante la pintura.

Una de sus fuentes de inspiración es la mundialmente famosa cantante barranquillera Shakira a quien, además, la une una entrañable amistad que surgió en la infancia y colegio, pues su perseverancia y conciencia temprana sobre su talento y el anhelo de cantar, al vivirlo de cerca, le dejó grandes enseñanzas. También, admira a Carlos Vives como artista y líder social por todo lo que musicalmente ha logrado desde la identidad y lo que hace por su natal Santa Marta desde la Fundación Tras La Perla.

Considera que la belleza natural del departamento es la fuente principal de riqueza para el turismo, el cual, a su vez, es generador de oportunidades para todos, y que la unión es fundamental para sacar adelante a La Guajira. “Se hace necesario trabajar en comunidad, los líderes, lideresas, artistas y diferentes sectores deben aunar esfuerzos y hacer lo mejor que se pueda por nuestra tierra”. Para esta mujer, ser embajadora de La Guajira e ícono del arte wayuu, es motivo de orgullo, gratitud, mayor compromiso con su tierra, legado familiar y cultura.

Crédito de fotografías: Alejandra Segura Durán.

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